Ante los plantones que he sufrido en mi “emprendimiento” (que asco de palabra ¿no?), no quedó otra que ir donde nos lleve otra gente. Así es como terminamos en un boliche que poco tiene de lo que nos gusta aquí, por no decir nada, pero al cual retrataremos por eso mismo: huele parecido al boliche republicano, pero tiene menos de república que Pinochet y Fidel juntos.
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